martes, 31 de enero de 2017

Post Facebook 2017 enero

10:14










1 enero




Valga como metáfora del tiempo está imagen congelada. El recién estrenado año nos mira fijamente pero no tardará en unirse en veloz carrera con el resto de la manada. Espero que cuando lo haga sea en busca de frescos pastos y no huyendo de sus depredadores ¡Feliz Año a todos!








2 enero

De la villa romana de la Olmeda a Saldaña hay un paso y, aunque quedaba en los límites de Tierra de Campos, no era cuestión de desaprovechar la ocasión de visitar un pueblo que fue la cabeza de uno de los condados altomedievales más poderosos en torno al año 1000, en pleno empuje de los reinos cristianos del Norte peninsular contra los sarracenos. Acudimos atraídos por su interesante plaza porticada rodeada de viviendas de los siglos s. XVI al XVIII que, asomadas al núcleo urbano sobre galerías de postes de madera o sencillas columnas de piedra, brindan por sí solas un espectáculo. Pero también pudimos deleitar la vista con las casas solariegas del Marqués de la Valdavia y la llamada Casa Torcida, otro edificio solariego al que no hace falta preguntar el porqué de su nombre. La respuesta la podemos encontrar en su jorobada estructura fruto del reúma agudo que cualquiera con cinco siglos de existencia padece en sus carnes aunque éstas sean de ladrillo cocido y maderas de roble.

 




3 enero





Mañanita de niebla tarde de paseo. Así empezamos el segundo día de nuestro periplo por Tierra de Campos. ¡A ver qué os parece!


4 enero





Desde el año 95 por razones de trabajo pasé largas temporadas fuera de casa, allende los mares. Aunque ya tenía afición a la escritura desde mucho antes, la distancia estimuló este hábito que ahora he recuperado en Facebook y en un blog que escribo casi a diario. Restos de aquel pasado manuscrito son estos fragmentos de cartas enviadas a mis hijos, entonces niños, escritas con letra caligráfica y detallados dibujos que pretendían ilustrar los elementos exóticos de aquellos países, como éstas remitidas desde Venezuela, en las que ellos eran protagonistas y héroes absolutos en las andanzas por esos mundos de Dios. Conservo varios cartapacios con ellas hasta que alguna desalmada nuera estime que mis memorias estarán mejor guardadas en un cubo de basura.










 











6 enero

En Alcanadre, mi pueblo adoptivo, además de buen vino Rioja, se celebra desde tiempos que se pierden en la memoria de los más adultos, el Belén viviente que atrae cada vez más curiosos de todas partes. Los jóvenes, sin distinción de ideologías, son los que organizan y llenan con su presencia las cuevas que se abren en las faldas del cerro del Viso. No falta nadie a la cita, ni siquiera la cabra preñada y la vieja burra que carga con la Virgen. Y después de la representación la ronda de vinos para entrar de nuevo en calor. Tampoco hubiese sido mal sitio para nacer ese muchacho llamado Jesús y, quién sabe, si de mayor no hubiese sido alcalde y representado el papel de S. José en ese espectáculo llamado Belén.










 











7 enero

La publicación hace un par de días de un sueño en Facebook despertó gran cantidad de comentarios, muestra inequívoca que no dejó indiferente a quiénes lo leyeron. Sin embargo, también tuve la sensación de que tener pesadillas resulta algo extraño a los demás. No faltó quien apeló en tono jocoso a mi mala conciencia, que sin duda la tengo, para buscar en ella la causa. Mis sueños están poblados de pesadillas incluso antes de que existiese el Beleluin. He lidiado con las peores situaciones imaginables, me he escapado por los pelos de muertes horribles, he sufrido dolorosas cornadas en la ingle (¡y cómo duelen!) pero también he volado como un pájaro al golpe de una brisa con solo extender los brazos y esquivando tanto peligro conseguí protegerme con dones sobrenaturales que ya quisieran para sí los héroes de Marvel. Hasta hoy he sido invencible, prueba de ello es que cada día sigo despertándome aunque cansado de tanto trajín nocturno. En definitiva, me he acostumbrado a vivir dos vidas: la real y la fantástica. Y de ésta es de la que iré contando alguna que otra cosa cuando la memoria me lo permita. Hago mía la frase de Edith Helman, un hispanista estadounidense estudioso de la obra de Goya que explicando el grabado de El sueño de la razón produce monstruos escribió: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas». Yo quiero hacer esto con mis sueños y en adelante, ante la imposibilidad de ilustrarlos con fotos, tomaré prestadas las imágenes oníricas de los grabados de Goya que tan bien sirven a esta causa y echaré algunos remiendos a los descosidos de los sueños a fin de hacerlos algo presentables.

7 enero

Hasta ayer siempre fui muy escéptico con las cosas del Más Allá pero hoy ya no estoy tan seguro. En mi casa paterna existe un espíritu y anoche se manifestó. Íbamos a salir con unos amigos que nos esperaban en la calle con el coche en marcha. Apenas salimos tuve que regresar a coger un anorak porque hacía un frío endiablado. Subí las escaleras corriendo al primer piso y apreté el interruptor de la luz. La lámpara se encendió tan deprisa como se apagó. De nuevo volví a encenderla y de nuevo se apagó. Un ataque repentino de ira me arrancó un juramento y bajé descontrolado escaleras abajo buscando al saboteador que intencionalmente me mantenía en la oscuridad para no encontrar la prenda. Empujé la puerta de la cocina pero una fuerza invisible oponía resistencia al otro lado. Mantuve un forcejeo contra la nada porque detrás de la puerta medio abierta no había nadie. Maldije a voz en grito a ese "quien fuera" que me estaba retrasando. A esas alturas ya estaba convencido que un ente maligno habitaba en aquel caserón. Fui a buscar el abrigo al comedor casi a tientas, sintiendo el aliento del mal espíritu en mi nuca. Esta vez la puerta no opuso resistencia. Sobre la mesa ardía una vela con dos mechas; el fuego se concentraba en dos intensos puntos de color rojo de los que destacaban dos pupilas muy negras. De inmediato supe que era el Diablo. Movido por el miedo o la furia, no lo sé, lo injurié gravemente para que se manifestara y así poder estrangularlo con mis manos pero en la oscuridad solo seguía ardiendo esa maldita vela. Vi el anorak doblado sobre una silla. Lo cogí y salí corriendo pero antes de abrir la puerta apreté una vez más el interruptor. La casa se convirtió en un espectáculo de luces. Lámparas encendiéndose y apagándose descontroladamente. Sin duda el bastardo de Satanás estaba muy enfadado, casi tanto como yo. Afortunadamente para ambos todo fue un mal sueño.















8 enero


Desde Saldaña desandamos el camino en busca de las iglesias que dan fama a la llamada ruta de las catedrales. Entre los s. XIV y XVI, en los límites de las comarcas del Cerrato y Tierra de Campos, bajo el patronato de los reyes castellanos, los privilegios papales y otros beneficios, entre los que no faltaron generosas donaciones de particulares, se erigieron templos de tales proporciones y riquezas artísticas que podrían pasar por orgullosas catedrales. Es el caso de San Hipólito el Real en Támara de Campos y de San Juan Bautista en Santoyo, ambos humildes pueblos con apenas unas pocas docenas de almas. Ciertamente la fe mueve montañas y en estas tierras incluso las transforma en bellísimas obras de arte.






 





 



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9 enero

La publicación de un sueño hace un par de días en Facebook provocó muchos comentarios, muestra inequívoca que no dejó indiferente a quiénes lo leyeron pero también tuve la sensación de que para otros tener pesadillas es poco habitual. No faltó quien apeló en tono jocoso a mi mala conciencia, que sin duda la tengo, para buscar en ella la causa. Mis sueños están poblados de pesadillas incluso antes de que existiese el Beleluin. He lidiado con las peores situaciones imaginables,... me he escapado por los pelos de muertes horribles, he sufrido dolorosas cornadas en la ingle (¡y cómo duelen!) pero también he volado como un pájaro con solo extender los brazos y dejarme llevar por el leve soplido de la brisa y, a fuerza de esquivar tantos peligros, conseguí protegerme con dones sobrenaturales que ya quisieran para sí los héroes de Marvel. Hasta hoy he sido inmortal, prueba de ello es que cada día sigo despertándome aunque cansado de tanto trajín nocturno. En definitiva, me he acostumbrado a vivir dos vidas: la real y la fantástica. Y de ésta es de la que iré contando alguna que otra cosa cuando la memoria me lo permita. Hago mía la frase de Edith F. Helman, un hispanista estadounidense estudioso de la obra de Goya que explicando el grabado de El sueño de la razón produce monstruos, escribió: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas». Yo quiero hacer esto con mis sueños y en adelante, ante la imposibilidad de ilustrarlos con fotos, tomaré prestadas las imágenes oníricas de los grabados de Goya que tan bien sirven a esta causa y echaré algunos remiendos a los descosidos que dejan en el subconsciente los malos sueños para hacerlos más presentables a los arúspices del psicoanálisis.




12 enero




Este cielo nos ha acompañado hoy desde Burgos hasta el puerto de Somosierra. Puede considerarse como un entreacto de la Creación, una pausa para cambiar el decorado de la luz del día a las tinieblas de la noche. Cae sobre nosotros un telón tejido con una hermosa gama de colores anaranjados sobre un fondo azul celeste que anuncia el crepúsculo. El sol sale de escena, la luna, en breve, será la nueva protagonista de una representación eterna que deleita a la Humanidad aun antes de ser creada.




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13 enero



Cualquier agudo observador con nociones básicas de arte se habrá percatado que la escena no retrata la célebre Creación de Adán que decora el techo de la Capilla Sixtina aunque el trasfondo sea el mismo​: una poética alegoría de la vida. La endeble mano de la derecha que se alza con dificultad buscando la fornida mano de la izquierda es la de mi madre, siempre dispuesta a seguirme el juego incluso estando convaleciente del ictus que le ha paralizado momentáneamente la otra. Como en el fresco de Miguel Ángel el potencial creador de una madre se adivina incluso entre los nudillos artrósicos de sus dedos.



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15 enero

El sueño de anoche bien podría servir de guion para una de esas películas de comedia francesa que tanto me gustan.

De nuevo el caserón donde nací y crecí. Está semiabandonado, con los techos en muy mal estado, las paredes desconchadas y ennegrecidas, amenazando ruina. Los hermanos hemos tomado la decisión de derribarlo y yo soy el encargado de poner la dinamita. Las cuerdas cuelgan con la pólvora... por todas las habitaciones como telas de araña, pero antes de prender la mecha la presencia de algunos muebles me hace cambiar de idea y decido que merecen la pena ser salvados. Un inesperado Mohamed aparece en escena con su esposa, una mujer de piel oscura y largos cabellos azabache; les acompañan dos alegres niños. Han hecho su casa en una de las habitaciones. Ahora es imposible volar la nuestra sin causar graves daños a la suya al que, por si fuese poco, se le presentan otros dos niños más, éstos de su primera mujer. Trabamos amistad y salimos a dar una vuelta por el pueblo. De regreso descubrimos que han forzado la puerta de casa y han entrado unos jóvenes polacos. Dispuesto a echarlos amenazo con llamar a la policía pero para mi sorpresa uno de ellos se presta a darme el teléfono de Juan Carlos Monedero, el podemita. Están más seguros que yo mismo que de allí no los echará nadie. Son dos mecánicos, un camionero y un soldador que han acudido allí en busca de trabajo. Se les ve despiertos, muy hábiles y con ganas de trabajar. Enseguida me ganan para su causa. Se instalan allí y acondicionan otra habitación para vivienda aunque como albañiles son pésimos ¡han dejado un puente grúa en mitad de la escalera! Al corral sigue llegando gente desconocida, algunos estrafalarios pero todos divertidos. Aquello comienza a parecerse la Plaza de Lavapiés. Los polacos han empezado a arreglar el viejo tractor de mi padre. Otros se han entretenido en hacer casas en miniatura para hormigas. Arde una inmensa barbacoa y una moza lleva sobre la cabeza una fuente de carne asada. Bastó la vaga incertidumbre de trabajo para convertir un decrépito solar en Tierra de Promisión.

16 enero

Tras conocer el pórtico de Moarves de Ojeda y el monasterio de San Andrés del Arroyo pensé que difícilmente volveríamos a ver algo parecido, hasta que llegamos a la iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos. Pareciera que un collar de perlas se hubiese roto y nosotros fuésemos recogiéndolas una a una. Maravilla ver el estado de conservación de esa joya románica del s. XII en manos de la familia propietaria de la explotación agraria donde se levanta que, además, son excelentes cicerones. Imprescindible para los amantes del arte e incluso para los que no lo son.



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17 enero



La segunda jornada la comenzamos visitando dos importantes pueblos del Camino de Santiago: Villalcázar de Sirga y Carrión de los Condes. Las referencias a sus monumentos​ son inevitables aunque he evitado convertirlas en una clase de historia del arte salpimentándolas con un poco de imaginación.









19 enero



A escasos kilómetros de Santa Eufemia de Cozuelos se levanta la iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, al norte de Palencia. En sus orígenes la roca fue excavada por un puñado de eremitas que buscaron un lugar apartado para llevar una vida ascética a través de la abstinencia y la oración. En torno a los s. X-XI, lo que en sus inicios fue un sencillo eremitorio, fue creciendo hasta convertirse en la iglesia rupestre más importante de España. Perfectamente integrada en el paisaje, la iglesia pasaría desapercibida de no ser por la espadaña que corona la roca y el campanario exento que se levanta varios metros más allá. En su interior se talla la piedra siguiendo la estética del románico para dar imagen de iglesia a lo que inicialmente podría pasar por un simple refugio de alimañas. En su limitado interior se alzan dos naves, cuatro pilares, ábsides, coro, altar y hasta sacristía, más que suficiente para dar cabida a una pequeña comunidad de fieles. El óxido de hierro realza las tonalidades de la arenisca que toman aspecto de jaspe en algunos lugares. Naturaleza y fe se unen una vez más para ofrecer a Dios un sitio digno donde consagrarlo y a los visitantes una ocasión para disfrutarlo, al menos nosotros lo hicimos.










 












20 enero


Aprovecho esta foto de mi pueblo con la fuente congelada para hacer una pequeña reflexión sobre la actualidad que ocupa a los medios de comunicación tan preocupados por la ola de frío.



Ahora que estamos bajo cero y todos nos quejamos (con razón) del precio exorbitado de la electricidad, es el momento de reflexionar también sobre nuestros hábitos consumistas, tan caros a la madre Naturaleza como a nuestros bolsillos, aunque pareciera que solo estamos dispuestos a quejarnos de ...lo segundo. Gestos tan sencillos como desconectar de la red ordenadores, televisiones o apagar luces innecesarias serían muy útiles para hacer este planeta más viable. Nada es gratis y la factura contraída con el medioambiente es mucho más larga que la que recibimos en casa de las compañías eléctricas. Sugiero que empecemos por nosotros mismos y así, cuando pongamos el grito en el cielo, al menos sabremos que nosotros hemos hecho los deberes que los que nos gobiernan no hicieron.






23 enero



A finales del siglo V, en tiempos bárbaros parecidos a los que hoy vivimos, oleadas de pueblos germanos reventaron las costuras del Imperio Romano y arrasaron con la civilización clásica traída a punta de espada por las legiones romanas. Palencia tampoco escapó a este hecho como 15 siglos después nos demostraron las ruinas de la villa romana de La Olmeda







24 enero

Cada mañana el vestuario de la piscina de mi barrio se convierte en un improvisado foro romano donde se habla especialmente de fútbol y política. Hoy, un fanático con bastante parecido a Tommy Lee Jonnes, comenzó a darnos un mitin a grito pelao sobre la corrupción. Tan alterado estaba el hombre que sus palabras provocaban más sonrisas que indignación. Yo me fui a las duchas y cuando estaba enjabonándome se presentó el loco. Se dirigió a mí en cueros y, con la voz bronca que da el exceso de coñac y tabaco, me dijo retorciéndose sobre su desnudez: "A esos políticos hay que hacerles pagar todo lo que han robado, yo les haría cantar dónde tienen el dinero". Seguí duchándome y se acercó más hasta casi tocarme el pecho con su dedo índice. "Tony, arráncale esa uña que parece que la tiene inflamada" prosiguió. Imaginé que se referiría a Tony Montana, el sanguinario mafioso que interpreta Al Pacino en Scarface. "Vaya que si cantaría, te aseguro que diría donde tiene los 50 millones y después ese hijo de puta a cumplir la pena". Yo le seguí la corriente, asumiendo el código de honor de los mafiosos, la omertá, y callé. Cuando salí del vestuario seguía el lenguaraz profiriendo amenazas contra los corruptos. Temí por mi vida porque la uña del dedo gordo de mi pie está muy amoratada de un golpe reciente y creo que le pudo haber inspirado su discurso.



25 enero




El frío, dicen que siberiano, nos ha devuelto imágenes olvidadas hacía mucho tiempo, al menos por mi tierra natal, como ésta del Nacimiento del Río Cuervo, tomada hoy por mi prima Mercedes Sepúlveda. La cascada de aguas congeladas con sus agujas de hielo formando estalactitas y estalagmitas embellece aún más este paraje de la sierra de Cuenca. Ver esta comitiva fantasmal a la pálida luz de la luna, debe dejarte la sangre helada.








27 enero



Navegando por internet en busca de noticias de Mogadiscio encontré esta curiosa imagen de un pescador chino transportando un inmenso tiburón ballena en su carromato. De inmediato me vino a la memoria la silueta del Nautilus, el fantástico submarino con el que el capitán Nemo hizo un largo viaje de veinte mil leguas de la mano de Julio Verne. En el mundo de Internet todo es posible porque la imaginación no tiene fronteras: echas las redes en Somalia y capturas un gigante marino en China, casi tan inverosímil como echar a Obama de la Casa Blanca para poner a Trump. Espero que no acabemos también sepultados como el Nautilus por la explosión volcánica que arrasó la isla de Lincoln.



































 





28 enero

Siempre he sentido fascinación por la representación artística de los toros. Viendo la foto de este tremendo astado, de dimensiones prehistóricas, acuden a mi cabeza las pinturas rupestres de las cuevas de Lascaux, en el sur de Francia. Mucho ha llovido desde el Paleolítico hasta hoy, no menos de 40.000 años, para que esta bestia entonces temida y admirada hasta el punto de alcanzar en aquella sociedad de cazadores-recolectores el rango de deidad por su fortaleza y poder sexual, haya devenido en un buey manso. Si nuestros antepasados cavernícolas los veneraron en la profundidad de sus cuevas deseosos de que éstos les transmitiesen sus poderes mágicos, con nosotros terminarán sus días servidos en chuletones en los platos de un restaurante cualquiera.




29 enero

Salimos del vientre de la roca que acoge la iglesia rupestre de los Santos Justo y Pastor, en Olleros de Pisuerga, con la misma satisfacción que el profeta Jonás del vientre de la ballena, para revivir otro "milagro": caminar sobre las aguas del Canal de Castilla. Cayendo la tarde subimos al barco "Marqués de la Ensenada" así bautizado en honor al ilustrado ministro del rey Fernando VI que promovió la creación de este canal para impulsar la economía del interior de Castilla. Experiencia recomendable la de surcar sus aguas descubriendo la belleza de su paisaje y sus obras. Salimos desde la Retención de San Andrés donde se une el río Pisuerga con el Canal de Castilla y el nacimiento de otro canal, el del Pisuerga. Remontamos la esclusa 6 aguas arriba en dirección a la 5 y regresamos. Ver desde el interior del vaso de la esclusa entrar y salir las aguas, apenas contenidas por sus compuertas, es todo un lujazo en ese mar de campos y de tierras de pan llevar.


 


30 enero

Vamos llegando al final de nuestro inolvidable paseo por Tierra de Campos, un largo fin de semana de tres días y medio muy bien aprovechados por esa provincia que goza de merecida fama de "bella desconocida". Dejamos para el final Frómista, el pueblo que alguien acertadamente calificó como el lugar donde se cruzan los caminos de la Fe y la Razón, el Camino de Santiago y el Canal de Castilla, ya que sin una y otra nunca hubiesen existido. En la plaza se yergue la iglesia de San Martín, edificada a finales del s. XI con tan gran acierto que la armonía de sus proporciones, la belleza de sus formas y la riqueza ornamental la sitúan entre lo más granado de los templos jacobeos. Siete siglos más tarde, a finales del s. XVIII se abrirá otro camino a su vera, éste de piedra y agua, sobre el que tendieron cuatro escalones para salvar el mayor desnivel del Canal mediante la cuádruple esclusa, la mayor de todas, que si grande fue la fe también la razón quiso dejar constancia de su paso por aquellas tierras.





 













lunes, 23 de enero de 2017

Viaje a través de los Campos Góticos. Capítulo VIII: la rebelión de los hijos de Espartaco.

11:12

Desde Carrión de los Condes a la villa romana de La Olmeda apenas hay 20 kilómetros en dirección norte. La carretera discurre por la planicie de la vega del río Carrión, la misma que atrajo por sus fértiles tierras a colonos de origen romano en torno al siglo I, recién comenzada la nueva Era cristiana. Vinieron para quedarse, como hicieron tantos otros después, respaldados por la fuerza de las armas del Imperio y la conquista de facto de la Península a la que rebautizarían como Hispania, nombre por la que sería conocida durante siglos hasta caer en manos de nuevos invasores, los musulmanes. Muchas veces había oído hablar de la villa de la Olmeda y, en especial, de sus mosaicos la parte mejor conservada y rostro mediático del yacimiento, que llegó a ser considerado por National Geographic nada menos como “uno de los doce mayores descubrimientos de la arqueología moderna”, así es que era una buena ocasión para dar satisfacción al deseo de conocerla que me perseguía desde hacía años.


Acompañado por los amigos de viaje llegamos al yacimiento arqueológico bien entrado el mediodía. Las nieblas de la mañana se habían levantado y dejado al descubierto un azul radiante con un sol que calentaba poco, uno de esos días despejados y fríos de invierno en los que el golpe del hacha sobre el tronco retumba seco en el espacio y los estridentes graznidos de los cuervos y las ruidosas urracas rasgan el silencio del campo.


La visita a un yacimiento puede resultar tediosa para los que no están familiarizados con la historia porque, al fin y al cabo, éste no pasa de mostrar escasos restos aflorados durante excavaciones, los cuales, generalmente se han deteriorado mucho con el tiempo y dan poco margen a la interpretación si no se está bien informado. Imagino que los responsables de la Olmeda, conscientes de ello, se esmeraron en prepararlo para ofrecer al público una visión amplia de lo que fue esta impresionante villa romana, poniéndonos en antecedentes de su contexto histórico y el entorno inmediato con la previa proyección de un documental, folletos explicativos y guías bien documentados. Esto fue suficiente para que todos saliésemos de la mansión romana con una sonrisa en la cara, como si el dueño nos hubiese invitado a participar en un banquete recostados sobre triclinios.

 

Escudriñando los fragmentos de los hallazgos que yacían semienterrados, apenas unas pocas piezas visibles de aquel gigantesco puzzle, fueron encajando en mi febril imaginación hasta formar un todo. De aquel vacío inicial fue emergiendo un nuevo orden que no tardó en proyectarse sobra la nada como una holografía poblada de objetos y personajes que transitaban como sombras por aquel mundo de patricios rodeados de tantos lujos que ensombrecerían a los de muchos magnates actuales. Así, las cornamentas, amontonadas como desechos en el hoyo de un vertedero, se alzaron para coronar de nuevo las cabezas de los orgullosos ciervos que, recobrando la vida de nuevo, huyeron espantados a esconderse entre los bosques de la vega. Las tinajas de vino recuperaron su tamaño original de mano de un alfarero invisible y volvieron a ocupar los huecos dejados en la tierra batida de la despensa. 


El arranque de un escalón dio paso a una escalera mágica que me llevó, como a un nuevo Ulises, al gineceo de la segunda planta donde las mujeres de la familia y sus sirvientas ocultaban al héroe Aquiles para librarlo de la flecha aquea que le llevaría a la muerte segura en Troya, trasunto mitológico muy bien descrito en las teselas que conforman el gran mosaico del oecus, la sala principal de la villa, en el que Ulises descubre a Aquiles disfrazado de mujer en el palacio del rey Licomedes para no ir a la guerra. 


En la zona de los baños todo fue más fácil de imaginar, quizás debería decir de soñar porque estaba habitada por las hermosas mujeres de la casa. Unas estaban entregadas al goce de las aguas del caldarium, los baños calientes, otras a las frías aguas de la elegante pileta en forma de trébol del frigidarium que, momentáneamente, traspasaban como agujas sus carnes dejando su atractiva anatomía poblada de sensuales poros erizados o, sus pieles recorridas por pequeños arroyos de sudor alimentados por el vapor de la sauna, mientras otras se abandonaban relajadas sobre lechos a los masajes con costosas esencias de aceites aromáticos. Envidiable esclavitud cuando es para someterse a estos trabajos.

Un rastro de ánforas rotas, restos de cenizas y un tremendo costurón que  desbarató parte de las figuras geométricas de los mosaicos, como si un rayo hubiese penetrado en el suelo, me sacó del ensimismamiento de las termas y llevó a mis oídos relinchos de jinetes y batir de espadas. La vida plácida de la villa llegó a su fin a finales del s. V. Tiempos convulsos en los que hordas armadas de bárbaros reclamaban para sí las riquezas de los vencidos y los esclavos se alzaban en armas contra la aristocracia terrateniente que los había sometido. El viejo orden se descomponía en medio del caos. El pillaje, el fuego y la sangre se esparcieron por doquier y nada quedó a salvo, la Olmeda tampoco.



Sepultada bajo la tierra la villa romana de la Olmeda fue exhumada casi quince siglos después. Igual que los ciervos, ha recobrado de nuevo la vida para levantarse sobre sus ruinas y mostrarnos todo aquello que imaginé. Quizás entre los visitantes que vamos a admirarla nos encontremos los descendientes de Espartaco, los mismos que alzaron las teas para prender fuego a la villa, o de los bárbaros que atravesaron con sus espadas a sus moradores, dueños y sirvientes, sin distinción y, es que, la Historia siempre tiene finales muy sorprendentes. 


martes, 17 de enero de 2017

Viaje a través de los Campos Góticos. Capítulo VII: Hitos jacobeos en Tierra de Campos.

11:59

Con la fe ciega del peregrino iniciamos el Camino a tempranas horas de la mañana para ir a visitar en Villalcázar de Sirga la impresionante iglesia de Santa María la Blanca, construida al amparo del favor real y de los caballeros templarios. Con tan poderosos padrinos se elevó a comienzos del s. XIII un templo-fortaleza para la defensa de la fe y protección de los cristianos que por allí asentaron sus reales, ya más tranquilos, al ver como la Media Luna retrocedía hacia el Sur empujada por la Cruz. A pesar de haber sufrido graves desperfectos con los años, no resulta difícil imaginar lo buena moza que hubo de ser si aun en su vejez sigue siendo así de bella.

La altura del pórtico, los muros y la torre parece hecha a la medida para provocar la congoja de los humildes visitantes que llegamos a sus pies y, de paso, recordarnos con sus piedras altivas el poder divino. Puestos de sopetón cada uno en su sitio, hombres y Dios, ascendimos por la escalinata con la vista puesta ora en el gran rosetón, ora en la portada ligeramente apuntada y rehundida en el grueso muro. Tanto en su arquitectura como en su estética se trasluce en ella el tránsito del románico hasta ahora imperante, al nuevo estilo, el gótico que reclama para sí un espacio y un orden nuevo.

A la izquierda de la puerta principal se abre otra más modesta, ambas con haces de arquivoltas habitadas por un gentío de ángeles, santos, clérigos y músicos alborozados, quizás, por sentirse en la antesala del Paraíso presidido, desde el doble friso que la corona, por un majestuoso Pantocrátor bendiciendo rodeado por el Tetramorfos, los cuatro símbolos de los Evangelistas, y escenas de la Virgen con la Adoración y la Anunciación. El coro celestial se completa con los Apóstoles bajo arcos que representan la ciudad de Jerusalén.
Cruzamos el umbral y la sensación de verticalidad es aún más acusada en el interior. El protogótico se abre paso empujando con fuerza hacia arriba, forzando a elevar la vista. Las naves, construidas con sillares de caliza blanca, se muestran descarnadas como los huesos del esqueleto de un gigante antediluviano levantado sobre sus patas con forma de pilastras y costillas hechas con la fina tracería de las bóvedas.


 

A través del rosetón se filtra la luz del exterior tamizada por vidrios de colores. Desciende como fina lluvia de polvo sobre las figuras yacentes de los ilustres personajes que reposan en sueño eterno de piedra sobre los laudas de los sepulcros góticos: el infante real Felipe de Castilla, hijo de Fernando III el Santo, su esposa doña Inés y don Juan de Pereira, caballero de la Orden de Santiago. Es la manifestación visible de la alianza del poder terrenal con el arte para conquistar a Dios. Con esa idea desplegaron estratégicamente por los retablos las obras de los mejores arquitectos, pintores e imagineros de la época. Nunca sabremos si lograron impresionar al Altísimo pero con nosotros lo consiguieron con creces.

A la salida eché un último vistazo a la portada y su friso. Reparé en la imagen de un dragón aplastado sin esfuerzo alguno por el pie de la Virgen, una mujer joven de aspecto saludable, coqueta, rostro con media sonrisa enmarcado por un tocado y una larga cabellera, cejas bien definidas, diría también que depiladas, nariz respingona y boca de pitiminí. Con una mano sujeta al Niño y con la otra levanta los dedos como si le estuviese haciendo una “peineta” al dragón del Apocalipsis que se retuerce como un perrillo faldero a sus pies con gesto lastimoso implorando su libertad. ¡Qué cantidad de historias podrían escribirse inspiradas en estas imágenes! Esto mismo fue lo que hizo nuestro rey Sabio, Alfonso X, con las Cantigas, un conjunto de poemas de alabanzas y relatos sobre la Virgen inspirado por la talla de Santa María la Blanca.
Junto al afamado Mesón de los Templarios hay una escultura de bronce levantada en honor al peregrino. Nos acercamos a saludarle pero resultó ser un hombre de pocas palabras aunque, a buen seguro, éstas se le quedaron congeladas en su boca de metal debido al frío de la mañana invernal. Nos hicimos unas fotografías junto a él y partimos sin despedirnos, a riesgo de quedarnos tan helados como el caminante, a Carrión de los Condes un pueblo que conserva algunos tesoros dignos de visitar aunque la localidad ha crecido demasiado deprisa y están tan dispersos que pasarían por ser los restos de un valioso naufragio.



Dos fachadas del s. XII son merecedoras de atención por el prodigioso tallado de sus imágenes: la de la iglesia de Santa María del Camino y la del Salvador. Entre éstas y la de Villalcázar de Sirga hay muchas similitudes, los mismos personajes poblando las arquivoltas de las portadas, todo un universo medieval en plena ebullición: juglares, músicos, bailarinas, herreros, sastres, acuñadores de monedas, jueces… que se complementan con escenas abiertas a múltiples interpretaciones en los capiteles y los frisos, recorridos por seres fantásticos, grifos, hombres cabalgando sobre bestias, hasta el mismo Sansón desquijarando las fauces del león, curioso motivo que volveremos a ver en un capitel de la iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos, lo que nos permite aventurar que grupos de tallistas y canteros de parecida formación recorrieron aquellas tierras dejando en ellas su peculiar impronta.


 

 

Entre tantos motivos captaron mi atención los dos pares de toros esculpidos en las impostas de la puerta de Santa María del Camino cuya presencia, y la de un grupo de mujeres en uno de los capiteles, atribuyen al milagro de las Cien doncellas, un ominoso tributo de jóvenes vírgenes que los cristianos estaban obligados a dar en pago a los emires de Córdoba para mantener la paz. Cuenta la leyenda que cuando estaban siendo entregadas las cuatro virginales púberes que correspondían a la ciudad de Carrión, la Virgen obró un milagro y cuatro fieros toros aparecieron en la vega poniéndolos en fuga y causando gran mortandad entre los moros. Para que esto no se olvidara y fuese recordado por todos los peregrinos que por allí pasaban, la leyenda quedó esculpida en piedra para ensalzar la victoria de la Virgen sobre los lascivos musulmanes que habían invadido la España goda.

Sobre el río Carrión se extendía una bruma que traía a mi mente recuerdos de guerreros y relinchos de caballos entre los álamos. Caminé un rato por la orilla temeroso y anhelante a la vez de verlos aparecer pero el pesado runruneo de un destartalado camión me sacó del ensimismamiento en que me hallaba.  Cruzamos el puente Mayor que une el núcleo de la villa con el monasterio de San Zoilo, el cuál hoy como ayer, es famoso por su hospedería en la que se daba a los peregrinos tanto pan y vino como fuesen capaces de comer y beber sin coste alguno. Actualmente también lo hacen pero al precio de la carta del hotel de cuatro estrellas que alberga en su interior.

Del monasterio es especialmente reseñable su claustro aunque de la temprana edificación medieval solo queda una portada de acceso y los sarcófagos de los condes ricamente labrados. El claustro es una bella obra renacentista a la altura de lo que fue la ciudad en el pasado. En sus bóvedas pululan una legión de personajes: profetas, evangelistas, emperadores, papas, santos, padres de la Iglesia…. y, entre todos, en lugar destacado los condes fundadores y sus escudos de armas.

  

 

Una vez más, apremiados por el tiempo partimos de Carrión, con los sentidos satisfechos, hacia la villa romana de la Olmeda, pero eso ya forma parte de otra historia.




martes, 3 de enero de 2017

Viaje a través de los Campos Góticos Capítulo VI: Amanecer en Campos no es una alegoría.

10:29


Amanecer en Campos en una nebulosa mañana de invierno es una inyección de vitalidad para los que nos gusta ver como el aire que exhalamos se convierte en vaho en nuestros propios bigotes antes de fundirse con la niebla que nos rodea. Es una manifestación inequívoca de vida: “Respiro, luego vivo” equiparable, por qué no, a la filosófica locución de Descartes “Pienso, luego existo”

Pero Amanecer en Campos no es solo una bonita expresión que hace alusión a la salida del sol, es también el poético nombre de nuestro alojamiento en Población de Campos, una casa rural con mucha solera, fachada de ladrillos cocidos, amplias habitaciones, exquisita decoración, cocina equipada y buena calefacción, en definitiva, un sitio perfecto donde pasar unos días en pleno Camino de Santiago y punto de partida a numerosos pueblos y parajes de gran valor natural y cultural. Y por si fuese poco, una afable posadera, Carmen, la propietaria siempre dispuesta a dar el mejor consejo a sus inquilinos.
A la espera de que mis amigos se levantasen a desayunar aproveché para salir a dar un paseo por el pueblo que, a pesar de sus escasas 140 almas, cuenta con una respetable herencia patrimonial fruto de los siglos al servicio de los peregrinos.

Cerca de la casa del Amanecer se encuentra todo: plaza y eras, palomares y ayuntamiento, iglesias y ermitas. Como no hay miedo a perderse me aventuré a salir sin GPS y sin más precauciones que la de un pesado anorak acolchado, disfrutando de un inacabable cigarro puro imaginario que con cada resuello, 60 por minuto, humeaba como la chimenea de una locomotora de vapor.

No había despuntado el sol pero el alba comenzaba a clarear la mañana acrecentando el gris plomizo de la niebla cerrada. Con las manos en los bolsillos seguí las indicaciones de Carmen y tomé una calle en dirección a la ermita de S. Miguel. Bastaba con girar a la derecha y seguir todo recto. Un trazado urbano muy práctico para los millones de caminantes que lo han transitado durante siglos sin necesidad de detenerse a preguntar por dónde se va a Santiago. Sobre la tapia de gruesos sillares pendían farolillos que se me antojaron calabazas pendiendo de artísticos bordones de peregrinos forjados en hierro, tan prácticos que sin necesidad de estar prendidos indicaban el camino con su sola predisposición longitudinal. Al otro lado de la acera, huertas teñidas de ocres y pies de olmos añosos cubiertos con setas dudosamente comestibles acentuaban el carácter rural de sus calles.
En la espesura de la bruma, emboscada entre las ramas secas de la alameda, vi la silueta de la ermita. Hermosa y mística, guardiana del camino, fue erigida como tantas otras en nombre del jefe de los ejércitos celestiales, el arcángel San Miguel, protector de los caminantes, Príncipe de la Luz que se impuso sobre otro Príncipe, éste de las Tinieblas, al que arrojó con su flamígera espada del Reino de los Cielos.



Nada estorbaba la quietud de la madrugada: los muertos reposaban en eterno descanso en el cementerio que se levanta frente a ella y la hierba calada por el rocío se plegaba sumisa bajo mis pies, cuando de repente, en ese sordo silencio, inesperadamente el aleteo de un gavilán lanzado al vacío desde la espadaña puso desasosiego a mi desprevenida persona. Repuesto del sobresalto me acerqué a sus muros y pasé revista, uno a uno, a los canecillos que decoraban su cornisa encontrándolos tan bellos que a mis ojos todos eran iguales excepto uno con forma fálica que, vete a saber con qué intención, fue así esculpido quizás a imagen y semejanza del mismísimo miembro del artesano. A mi paso varios gorriones abandonaron apresuradamente sus nidos, construidos entre los intersticios de los sillares de caliza de la ermita que a pesar de sus siete siglos se conserva joven y bella como una quinceañera. El sol seguía sin hacer acto de presencia pero el reloj marcaba las 8.30, hora de regresar al calor del hogar para tomar un buen café de puchero con un trozo de consistente bizcocho. Si íbamos a caminar había que estar preparados.